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Jan 01
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Cómo mejorar la comunicación entre padres e hijos

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Solemos oír con bastante frecuencia en la consulta quejas de los padres sobre la falta de comunicación, de diálogo con sus hijos, muchas veces no saben cómo fomentar el uso de la palabra en familia y asumen que tienen esta batalla perdida.

Esta cuestión tiene una importancia fundamental ya que si existen unos canales abiertos para el intercambio de ideas, opiniones, afectos y sentimientos, es más probable que se puedan resolver algunos problemas que vayan surgiendo, o directamente éstos no tendrán cabida.

La comunicación en familia nos sirve para establecer contacto con los otros miembros, para dar o recibir información, para expresar o comprender lo que pensamos, para trasmitir nuestros sentimientos etc.

Crear este clima de diálogo y apertura en familia, no es una tarea fácil, hay que ayudar a los hijos con prácticas, es decir, es conveniente que los padres introduzcan mecanismos que faciliten la comunicación.

¿Qué pueden hacer para abrir ese espacio comunicativo?

  • Crear un clima emocional que facilite el diálogo íntimo
  • Saber esperar el momento idóneo para hablar o mejor, escuchar
  • Pedir la opinión de sus hijos
  • Expresar y compartir sentimientos
  • Ser claros a la hora de pedir algo
  • Escuchar con atención e interés
  • Dar mensajes consistentes y no contradictorios
  • Empatizar con nuestros hijos, validando sus emociones aunque no estemos de acuerdo con ellos
  • Intentar tener presente la regla de que “todo lo que se dice, se cumple”
  • Observar cómo nos comunicamos con nuestros hijos

¿Cuáles son los obstáculos que impiden la comunicación?

  • Generalizar: siempre estás molestando a tu hermano, nunca obedeces. Esta afirmación es falsa ya que seguro ha habido alguna ocasión, o varias, en las que no ha actuado así.
  • No saber escuchar para comprender, pensar en la respuesta que les vamos a dar, no pedir aclaraciones.
  • Establecimiento de etiquetas y de profecías que conducen a un incremento de la hostilidad en las interacciones, eres un vago, todo tirado, no vas a cambiar nunca. Es preciso describir el comportamiento sin realizar etiquetados globales y a continuación realizar la petición, he visto que has dejado la ropa tirada en la cama, cuando tengas un momento quiero  que la recojas.
  • Atender al lugar y el momento que elegimos. Si nuestro hijo está viendo su serie favorita, es necesario que podamos esperar a otro momento si queremos hablar con él y preferiblemente en una espacio tranquilo, sin distracciones y a solas.
  • Preguntas plagadas de reproches, ¿es que no viste que tu padre estaba descargando solo las cajas?, ¿por qué no te esforzaste más para ese examen?…
  • El abuso de los: tú deberías, en vez de los: qué te parece si…
  • Cortes en la conversación porque se presta más atención a lo que queremos decir, que a escuchar al otro: no, pero yo lo que te digo es…, porque a mí me parece que…

Os animo a ponerlo en práctica, posiblemente vuestra comunicación mejore y os sintáis más vinculados con vuestros hijos.

Jan 01

Cómo afrontar los complejos:

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Los complejos pueden acarrear un gran sufrimiento para el ser humano al sentirse terriblemente inferior cuando se compara con los demás en esa dimensión psicológica, social o física con la que se siente avergonzado. Los complejos se pueden agravar y cronificarse cuando nos dejamos llevar por el miedo, la inseguridad y la vergüenza que nos producen. Es necesario que podamos aprender a combatir todo lo que se inclina en la dirección del complejo.

Así, tenemos que evitar ser arrastrados por él, por ejemplo, no renunciar a exponernos a las miradas o juicios de los demás, por ejemplo exponer nuestra opinión a pesar de la inseguridad y miedo que podamos sentir  si los demás descubren nuestra incultura. O ponernos en bañador aunque nos sintamos objeto de las miradas ajenas, estos son pequeños experimentos de exposición a nuestros miedos, en los que podremos comprobar en la mayoría de las ocasiones que la tierra no se hunde a nuestros pies, que seguimos caminando a pesar de nuestra inseguridad y que mis complejos no consiguen condicionar mi vida.

Otra propuesta añadida a la anterior sería evitar exponernos sin “compensar” o “controlar” el complejo, por ejemplo, dar nuestra opinión, si la tenemos, aunque no sea un tema muy conocido para nosotros.

Veamos ahora las claves para afrontar nuestros complejos:

  • Observemos a los demás para darnos cuenta de cómo “defectos” similares no les impiden disfrutar de la vida. Intentar comprender cómo viven con sus defectos sin tratar de ocultarlos a cualquier precio.
  • Hablemos con los demás, los complejos se alimentan de la vergüenza y el aislamiento.
  • Escuchemos las opiniones positivas de los demás, sin pensar automáticamente que no nos comprenden.
  • Entendamos que la intensidad de los complejos a veces es tal que nos conduce a atribuirles todas nuestras dificultades.
  • Afrontémoslos, es el mejor método para combatir el malestar que nos producen, hagamos pequeños experimentos de exposición, que sin duda alguna, nos conducirán a atenuar la vergüenza y el miedo.
  • Ampliemos la mirada que tenemos de nosotros mismos, somos mucho más que nuestras carencias y defectos, somos seres humanos complejos, únicos e irrepetibles.

Por último, os propongo que intentéis no centraros únicamente en los que os falta, cambiad vuestro foco de atención, os sorprenderéis positivamente al ampliar la visión de vosotros mismos, en nuestra imaginación sentimos que el complejo está sobreexpuesto, que es lo único que pueden ver los demás…

Jan 01

20 claves sobre la autoestima

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Cuando hablamos de autoestima hacemos referencia a tres aspectos:

  • Lo que pienso de mí
  • Cómo me siento con esos pensamientos
  • Cómo aplico todo ello a mi vida

Se ponen en juego dos evaluaciones, la primera se refiere a cómo nos juzgamos a nosotros mismos y la segunda, a cómo me juzgo bajo la mirada de los demás.

A continuación os enumero algunas características relacionadas directamente con este concepto, podríamos comenzar diciendo: “tengo autoestima cuando…

  • Digo lo que pienso, sin herir a los otros
  • Hago lo que quiero, dentro de los límites establecidos
  • Insisto cuando me enfrento a una dificultad
  • No me da vergüenza renunciar
  • No me dejo llevar en exceso por la publicidad o las modas
  • Sé que puedo sobrevivir a mis fracasos
  • Me atrevo a decir “no”
  • Me concedo el derecho a ser feliz
  • Me siento digno de ser amado
  • Soporto dejar de ser amado, aunque esto me afecte
  • Digo “tengo miedo” sin sentirme avergonzado
  • Hago lo que pueda para lograr mis deseos, pero sin someterme a presión
  • Me concedo el derecho de decepcionar o fracasar
  • Pido ayuda sin sentirme inferior por ello
  • No me siento envidioso del éxito o felicidad de los demás
  • Me concedo el derecho a cambiar de opinión tras reflexionar
  • Demuestro sentido del humor respecto a mí mismo
  • Extraigo lecciones de mis errores
  • Me acepto tal como soy hoy, sin renunciar a cambiar mañana
  • Y, por último, pensar en otras cosas aparte de en mí mismo

Tomado del libro Prácticas de Autoestima de Christophe André

Jan 01

¿Sabemos escuchar?

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Saber escuchar implica prestar atención a lo que la otra persona está diciendo y entender su significado. Algunas de las señales que indican que se está escuchando son:

  • Hacer preguntas en lugar de permanecer todo el tiempo en silencio.
  • Realizar afirmaciones o movimientos muy leves de cabeza que sean congruentes con el mensaje que esté dando la otra persona.
  • Producir algunos sonidos o interjecciones (Por ej., “ajá”, “ya veo”…).
  • Colocarse en una posición cómoda, relajada pero atenta, con el cuerpo un poco inclinado hacia el interlocutor, mirándole a los ojos, sin hacer movimientos bruscos y manejando adecuadamente la distancia interpersonal.
  • No interrumpir hasta que se esté seguro de que la otra persona ha terminado. Si no está seguro pregunte.
  • No hacer otra tarea mientras está escuchando.
  • Respetar las pausas. Permita que el otro se tome el tiempo necesario para continuar hablando.

Cuando estemos  hablando con alguien evitemos:

  • Quedarnos pensando sólo en la primera parte de lo que nos dijo y preparar mentalmente lo que vamos a contestarle.
  • Suponer de antemano que tenemos toda la información, que conocemos todos los hechos y que la experiencia de la otra persona es igual a alguna otra que ya hemos escuchado antes.
  • Dar consejos no pedidos. Esto puede provocar oposición en el otro.
  • Juzgar el comportamiento de la otra persona. Escuchar significa aceptar lo que el otro dice, sin valorar sus opiniones, sentimientos o necesidades.
Jan 01

Estilos de comunicación

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“Bueno, no sé…sí, vale mañana te recojo el coche del taller y después voy a por tu niña…tenía cita con el dentista, pero…bueno, ya está, te hago el favor…” (voz temblorosa, mirada baja, postura encogida)

 “Estoy harto ya de que subas el volumen del televisor (gritando, mirada fija y señalando con el dedo índice), no lo vuelvas a hacer porque sino ya verás…”

“Gracias por la invitación pero no me apetece ir a la piscina mañana, había pensado en ir de compras, si quieres vamos otro día…” (voz firme, postura erguida pero relajada)

¿Con cuál de estos estilos te identificas más?, ahora te propongo que leas este cuadro y adivines con cuál va cada uno…

Aspectos Estilo pasivo Estilo agresivo Estilo asertivo
Generales Sigue los intereses de los demás, no defiende sus derechos, opiniones y sentimientos Suelen anteponer sus intereses a los de los demás. Suelen mandar, humillar, criticar. Quiere mostrarse siempre superior Expresa con libertad sus opiniones y sentimientos cuidando de no herir u ofender a otros. No impone su opinión pero tampoco deja que se la impongan
Verbales Habla con rodeos, no es directo, no expresa realmente lo que quiere decir, frecuentemente pide disculpas… Habla rápido, utiliza mucho los imperativos, utiliza la crítica constantemente, culpa a los demás de sus estado de ánimo… Habla de manera directa, es honesto en la expresión de las ideas, señala su punto de vista acerca de cómo le gustaría que fueran las cosas, sin imponer.
Paraverbales

 

Voz temblorosa, con vacilaciones, débil, volumen muy bajo, habla entrecortada

 

Voz fuerte, volumen muy alto, habla rápido Voz firme, modula adecuadamente, volumen y habla adecuados para la conversación

 

No verbales Postura agachada, hombros y cabeza caídos, mirada baja, distancia interpersonal grande Postura erguida, rígida, desafiante, hombros en alto, mirada fija, penetrante, usa el dedo índice para acudar, distancia interpersonal mínima, no respeta el espacio personal Postura erguida pero relajada. Mantiene contacto ocular de manera adecuada, ojos expresivos. Distancia interpersonal adecuada, respeta el espacio personal de cada uno

 

Las personas con un estilo asertivo consiguen sus objetivos sin hacer daño a los demás, sus relaciones sociales son adecuadas y se sienten bien consigo mismos porque pueden expresarse abiertamente con los otros.

Os invito a practicarlo, ¡las relaciones interpersonales os resultarán mucho más satisfactorias!.

Jan 01

Presos de la ira

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“Me encolerizo con mucha facilidad, llego a casa después de un día agotador de trabajo y no puedo evitar enfadarme con la primera persona de mi familia que me encuentre y por la más mínima tontería, sé que no tengo que actuar así pero siento que no lo puedo controlar…”

Éste es el testimonio de un paciente que acudía a consulta por este motivo, le resultaba imposible poder controlar su ira.

¿Qué podemos decir de esta emoción?

La ira es una reacción de nuestro organismo ante una situación que la desencadena, se acompaña de una serie de modificaciones corporales y mentales: una peculiar expresión facial, aceleración del ritmo cardíaco, subida de la temperatura, ceño fruncido…y solemos pensar que estamos ante una situación injusta o frustrante, porque no conseguimos el resultado esperado, o se levanta un obstáculo en nuestro camino: un atasco, un aparato que se avería, un reproche de nuestra pareja  etc…

La ira en sí misma no es positiva ni negativa, ¡es su expresión y su uso lo que marcan la diferencia!.

Esta emoción modifica también el curso de nuestros pensamientos, nos conduce a realizar interpretaciones negativas de todo cuanto sucede a nuestro alrededor. Estas interpretaciones nos empujan a percibir todavía más lo que nos fastidia y esto nos hace ver las cosas más negativas aún, así se forma el círculo vicioso…

¿Qué podemos hacer para afrontar la ira?

En el momento en el que algo no marche como deseamos, hay que evitar “explotar” cómo si fuéramos una olla a presión, ya que esto nos conduce a conflictos con los demás y también es conveniente no aguantarnos la emoción porque al interiorizarla podrá aparecerá enmascarada de diversas formas con el tiempo: problemas digestivos, ansiedad, estados depresivos…

Lo más saludable es verbalizarla para exteriorizarla y aprender a utilizar técnicas de relajación y respiración para disminuir la activación fisiológica y así poder poner en palabras lo que estamos sintiendo. Una herramienta de comunicación de la ira, son los mensajes “yo”, consiste en expresar nuestra ira en primera persona del singular, en lugar de acusar a los demás, de insultar, de amenazar a un “tú”. Es un modo de asumir nuestra ira y responsabilizarnos por lo que sentimos sin que la otra persona responda con un contraataque y se produzca así una escalada de conflicto. Por ejemplo, en lugar de decir ¡me pones nervioso!, diríamos ¡me pongo nervioso!, esta estrategia comunicativa conduce a arreglar desencuentros ya que facilita un diálogo apacible y así conseguimos un triple objetivo: conseguimos exteriorizar nuestro enfado, nos sentimos orgullosos con nosotros mismos por haberlo logrado y  con suerte, si estamos discutiendo con alguien conseguimos el difícil objetivo de que ninguno resulte dañado, alcanzando así acuerdos y conservando la relación con el otro.

¡Os animo desde aquí a ponerlo en práctica!